Silvia también fue tajante con el coche eléctrico: “Europa no puede competir con China en coches eléctricos. Tenemos que apostar por el hidrógeno y los combustibles sintéticos”.
La falta de materias primas, la dependencia de proveedores asiáticos como BYD y la limitada capacidad industrial europea hacen inviable una electrificación total sin alternativas. “Toyota ya está innovando en hidrógeno. Ahí Europa podría ser competitiva, pero seguimos obsesionados con una única vía”
Como experta en climatización, Fernández explicó el potencial —y las limitaciones— de la aerotermia: “Es energía renovable si supera cierta eficiencia. Con poco consumo eléctrico, extrae calor del aire. Pero no funciona igual en todas las condiciones”.
Detalló que muchos edificios antiguos no permiten instalar estos sistemas por falta de espacio y condiciones técnicas. “En el Ensanche de Santiago, muchos patios interiores son insuficientes para ubicar las unidades exteriores”, ejemplificó.
La clave, según ella, es clara: “Primero, aislar bien. Luego, cambiar las calderas. Si no rehabilitamos bien, nada funcionará como debería”.
En 2024, Silvia Fernández fue reconocida con el Premio Nacional a la Innovación y Liderazgo Industrial, por su capacidad de integrar conocimiento técnico, compromiso social y visión crítica. “Fue una sorpresa, porque mi discurso no siempre es cómodo. Pero creo que empieza a valorarse la capacidad de cuestionar lo establecido”, comentó.
Este galardón refuerza su papel como referente en la defensa de una ingeniería moderna, ética y responsable.

Silvia cerró con un mensaje directo: “El apagón es el resultado de décadas de inacción. La descarbonización es inevitable, pero requiere planificación, no polarización”.
Y con una frase que resume su pensamiento: “El futuro es mixto, sin dogmas. La tecnología no puede imponerse desde arriba, debe construirse con criterio, desde la realidad y para todos”.
Silvia Fernández no vende soluciones mágicas. Expone fallos, identifica posibilidades y apuesta por un modelo técnico y humano. España, asegura, tiene recursos, talento y capacidad, pero necesita mirar de frente los errores del pasado y construir desde el sentido común. “Queremos una industria eficiente, sí. Pero también una sociedad justa. No se puede tener una sin la otra”.