Una de las cosas que más me gusta es ver cómo las familias, abuelos, hijos…, vienen cada día a disfrutar de la fiesta, convirtiéndola en un punto de encuentro.
Quiero responder tres preguntas que ayudan a comprender este proceso de integración:
¿De dónde vengo? Soy de Venezuela. En 2019 la situación en mi país era muy complicada.
Dejamos atrás raíces, costumbres y logros, y recordamos la invitación de un amigo gallego, Casimiro Mojón, quien nos habló de la oportunidad de empezar de nuevo en Galicia.
¿Cómo fue nuestra llegada? Nos alojamos en casa de Casimiro con su familia: once personas en un piso de tres habitaciones. Fue un reto, pero pronto acudimos al Concello a pedir orientación, algo fundamental para integrarse.
La primera ayuda debe buscarse en Dios y, después, en las personas y organismos que conocen cómo funciona esta sociedad.
Un inmigrante debe ser auténtico, obedecer las orientaciones y no dejarse paralizar por el miedo a relacionarse o a acudir a instituciones. Mi esposa, por ejemplo, entabló conversación con un gallego en un autobús, y así empezamos a tejer lazos.
¿Qué puedo aportar? Aunque llegamos con necesidad, siempre hemos querido servir y contribuir. Creo que los inmigrantes tenemos mucho que ofrecer, empezando por el amor a la familia y la alegría que traemos a las fiestas.
También es importante salir, conocer, relacionarse y no aislarse. En Galicia nadie nos ha rechazado. Existe una empatía especial hacia los venezolanos, pues muchos gallegos tienen familiares que emigraron allí. Pero, vengan de donde vengan, aquí el inmigrante encuentra las puertas abiertas.
Si algún día tuviera que marcharme, podría decir como Rosalía de Castro:
“Lugar máis hermoso non houbo na terra que aquel que eu miraba, que aquel me dera. Lugar máis hermoso no mundo n´hachara que aquel de Galicia, ¡Galicia encantada!”