Su capacidad de adelantarse a los tiempos fue clave: la televisión local, los satélites, los estudios de sonido, la diversificación de empresas. Todo formaba parte de una misma visión: crear, comunicar y conectar. “Mi abuelo me enseñó que no hay que mirar a los zapatos mientras caminas, sino al horizonte. Yo siempre intenté saber dónde piso, pero mirando lejos”.
Palestina, Galicia y el valor de las raíces
Su relación con Galicia es profunda y simbólica. “Soy palestino y gallego. Serví a Galicia como a Palestina. Aquí he vivido más de medio siglo y mis hijos nacieron aquí”, declara con orgullo.
El olivo, dice, representa su identidad: “El olivo es el árbol nacional de Palestina. Si no cuidas las raíces, el viento puede torcerte. Pero si estás bien de raíces, puedes dar frutos, sombra y madera. Así somos las personas”.
Sobre el conflicto en su tierra natal, mantiene una mirada humanista: “La causa palestina es la causa de la humanidad. Es la fuerza del derecho, no el derecho a la fuerza”.
“Me entristece el envidioso, porque sufre por mí. La vida es un suspiro, demasiado corta para tener resentimientos. Hay que perdonar siempre”.
El valor de la palabra y la cultura mediterránea
Aunque ha trabajado toda su vida en televisión, Jaber confiesa una pasión especial por la radio: “Siempre me gustó la radio. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero yo creo que una palabra puede crear mil imágenes. El milagro está en la palabra”.
Su pensamiento cultural es tan firme como inclusivo: “No existen civilizaciones separadas. La cultura es conocimiento, información, procesamiento y transmisión. La única cultura que reconozco y disfruto es la mediterránea, que une Europa, África y Asia”.
Rechaza el discurso de la “civilización judeocristiana” como concepto excluyente: “Eso es una mentira de quienes no entienden la cultura. Los árabes trajeron la ciencia, la filosofía y el ajedrez. Durante siglos fueron transmisores del saber”.
Reconocimiento a una vida de acción
El Premio Talento 2025 es, en palabras de Jaber Ibrahim, “un reconocimiento colectivo”. “Es para todo el sector audiovisual gallego, para mis compañeros y competidores, porque todos somos una familia. Cuando a Televisión de Galicia le va bien, a mí también me va bien”.
Su legado trasciende el audiovisual: es una lección de perseverancia, curiosidad y compromiso. “Las palabras no construyen puentes. Los proyectos se hacen haciendo”, repite. Una filosofía que ha guiado su vida entre cámaras, ideas y sueños.
Y con humor, cierra la entrevista evocando su amistad con Manuel Fraga e incluso imitándolo: “Empezamos discutiendo en la prensa y terminamos cenando juntos con Arafat. Me decía: ‘Ghaleb, usted es un gallego más’. Y tenía razón”.