Esta diversidad también se refleja en la longevidad deportiva dentro del rugby. «Tenemos jugadores de todas las edades, desde niños hasta veteranos que siguen compitiendo», mencionó.
A pesar del crecimiento del club, la falta de recursos sigue siendo un reto. «Nos ha costado trabajo conseguir instalaciones adecuadas», admitió Fernández. Actualmente, entrenan en el campo de la USC gracias al apoyo de la Universidad de Santiago y el Concello.
Otro obstáculo son los costos asociados al rugby, especialmente a partir de los 16 años. «Las fichas federativas son caras porque las aseguradoras consideran el rugby un deporte de alto riesgo», explicó. Para paliar estos costos, el club cuenta con el apoyo de pequeñas empresas y negocios locales.
«Nos ayudamos entre todos, las familias y pequeños patrocinadores hacen posible que sigamos adelante», comentó Fernández. «No esperamos grandes inversiones, pero cada ayuda suma».

El rugby tiene una tradición única: el tercer tiempo, un momento de convivencia después del partido. «El equipo anfitrión ofrece una merienda o unas bebidas al rival», explicó Fernández. «Todo lo que pasa en el campo se queda en el campo. Luego nos juntamos, compartimos y reforzamos la comunidad».
El apoyo de las familias y patrocinadores hace posible esta tradición, con aportaciones de comida, bebidas y snacks. «Es una parte fundamental del rugby, refuerza los lazos y enseña que el deporte es, sobre todo, compañerismo».
Para finalizar, Fernández invitó a más personas a conocer el rugby y sumarse al club. «Necesitamos que más familias y jóvenes se acerquen y prueben el rugby. Es un deporte increíble que ofrece mucho más de lo que la gente cree».
El Santiago Rugby Club sigue apostando por el crecimiento del rugby en Compostela y abre sus puertas a nuevos jugadores y aficionados. «Que la gente venga, pruebe y descubra el rugby. Estamos aquí para enseñar, formar y seguir creciendo juntos».
La entrevista completa, en el siguiente enlace.