Pero el éxito deportivo convive con dificultades estructurales. El pabellón de Santa Isabel, considerado “casa” por el club, está en obras y no estará disponible, según las previsiones, hasta febrero o marzo del próximo año.
“Este año va a ser subsistir, porque no sabemos dónde vamos a jugar. Queremos entrenar y competir en el mismo lugar, pero no tenemos aún ese espacio definido”, lamenta Gabi, quien descarta instalaciones como el pabellón de Sar por su tamaño y falta de ambiente: “Jugar en Sar con 300 personas sería desangelado”.
“Aquí no cobramos nada”
Quizá el aspecto más llamativo del proyecto CompoSala es su austeridad radical. La directiva y el cuerpo técnico no perciben salario alguno. “Yo soy entrenador y directivo, y gano cero euros”, dice sin rodeos Gabi. “Si tuviéramos que pagar un entrenador externo, no podríamos subsistir”.
El club no ha recibido subvenciones del Concello de Santiago, en parte por ser una entidad de reciente creación y también, reconoce Gabi, por “despiste administrativo”: “El año pasado se nos pasó la convocatoria. Nadie nos avisó. Cuando miramos, ya estaba cerrada”.
Así, el presupuesto —ajustado al máximo— se mantiene con recursos propios y ayuda de colaboradores. Los desplazamientos a partidos por toda Galicia se hacen en coches particulares. “Un patrocinador sería como agua de mayo”, señala, haciendo un llamado a empresas locales: “Hay hueco en la camiseta, solo hace falta llegar a un acuerdo”.
Más allá del primer equipo, CompoSala ha experimentado un crecimiento notable en su estructura de base: han pasado de tener 4 equipos en su primer año a 14 en el segundo, sumando ya 180 personas entre jugadores, técnicos y personal de apoyo.
“Es un motivo de orgullo. Queremos ser algo importante para Santiago, no solo por el primer equipo, sino también por formar a los niños y niñas”, afirma.

Aunque la asistencia a los partidos todavía no alcanza grandes cifras, Gabi detecta señales de que la afición está respondiendo: “Este año hubo partidos normales con 150 o 200 personas. En los derbis, Santa Isabel estuvo lleno”.
Sabe que recuperar la conexión emocional con el público es una tarea lenta pero posible: “Santiago siempre tuvo fieles muy fieles, pero cuesta enganchar. Hay que ofrecerles algo que merezca la pena”.
Con la Tercera División ya asegurada, el próximo paso es consolidar la categoría, aunque Gabi no oculta su ambición: “Como entrenador te diría que vamos paso a paso, pero como vicepresidente, mi objetivo es jugar el playoff de ascenso. Queremos volver a llenar Santa Isabel”.
CompoSala es, en palabras del propio Gabi, una historia movida por la ilusión. Sin grandes presupuestos, sin ayudas públicas, pero con trabajo, compromiso y una profunda conexión con la historia del fútbol sala compostelano.
En solo dos años, han sembrado una semilla poderosa. Y si el viento sopla a favor —y llegan los apoyos necesarios— es probable que dentro de poco, Santiago vuelva a vibrar como en los tiempos del Lobelle y del Santiago Futsal.